Mientras esperaba en la fila de cada mañana para comprar un café, la revista ¡Hola!, ese biógrafo frívolo de papel, anunciaba desde una repisa que Julio Iglesias celebraba su cumpleaños ochenta. Me acerqué con sorpresa a asegurarme de que no hubiera error en mi lectura, quizá porque en mi mente aquel cantante no envejece, sino que es, como en una de las tantas letras que canta, un quijote de un tiempo que no tiene edad.