Hoy hace ya 38 años.
Todos los que nacimos en los setenta -o antes-, nos acordamos dónde estábamos ese día a las 7:19 de la mañana, y cómo reaccionamos ante el último sismo que vivimos sin pánico. Los que no estábamos en las zonas afectadas pensábamos que era uno más de tantos, tal vez más fuerte y largo de lo acostumbrado; millones habremos dicho al mismo tiempo a quienes estaban cerca, conocidos o no, esas dos palabras que caen en la obviedad, pero salen de nosotros en automático y en el instante en que lo percibimos: está temblando.