Se cumplen cien años sin el maestro de la luz, quien entregó el alma entera en sus lienzos.
Joaquín Sorolla me cautivó con su cuadro Madre: en distintos tonos de blanco una pared, una cama, almohadas; y, asomando entre las sábanas, con apenas unas pocas pinceladas, dos rostros: el bebé recién nacido y la mamá, contemplándolo. La pintura habla, es increíble cómo transmite la sensación del lugar y el momento. Esa genialidad para expresar lo que siente una mujer apenas al convertirse en mamá, me hizo querer conocer todo lo que hubiera salido de su pincel.