La última semana de prepa, en el salón de clases, ajena a lo que decían los maestros, le dedicaba una mirada pausada a cada uno de mis compañeros: sentados medio despatarrados, con los pants azules del uniforme ya deshilachados, mordiendo un lápiz amarillo, riendo, platicando, haciendo las cosas de todos los días y de tantos años.

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