Muchos se ahogan en silencio, pero hay alguien que te conoce mejor que tú mismo y Él está preparado para rescatarte. No necesitas gritar, basta con una oración susurrada. Cuando sientas que te hundes, recuerda: no estás solo. Hoy, permite que sea Dios quien te saque a la superficie. Porque a veces, cuando todos aplauden, Dios es el único que realmente te abraza.
Escrito por Mercy Cosme