A veces la vida nos hiere con falsas amistades y el único que puede sanar esas heridas es Dios. Cuando la traición golpea tu alma y el rencor intenta echar raíces, recuerda que Jesús también fue herido y aun así eligió amar. Este mensaje es para ti que anhelas libertad, consuelo y restauración. Permite que el Espíritu Santo toque tu corazón, limpie tus lágrimas y te devuelva la paz que en aquel doloroso día perdiste.
Escrito por Luciano Goicochea

Hasta que te rindas
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Viste tu corazón de bondad y transforma tu entorno
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El Silencio de Dios
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