Cuando Dios descansó el séptimo día, no solo dejó de trabajar: selló un pacto eterno con Su creación. El séptimo día es mucho más que reposo; es un recordatorio de confianza, bendición y relación. Cada vez que aparece el siete, es como si Dios dijera: “Recuerda Mi promesa. Confía en Mi pacto.”
Escrito por Mercy Cosme

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