El ankh es uno de los jeroglíficos más antiguos y reconocibles del Antiguo Egipto. Representa la vida y la eternidad, usado en tumbas y amuletos para proteger tanto en la vida como en la muerte. A lo largo de cinco mil años, ha mantenido su relevancia, adoptado incluso por culturas posteriores, como el Cristianismo, que lo reinterpretaron en su arte y espiritualidad, simbolizando la vida eterna y la conexión entre lo terrenal y lo divino.

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