En medio de una ciudad condenada por su orgullo y desobediencia, una mujer inesperada decidió creer y obedecer a Dios. Su fe cambió su destino, recordándonos que la justicia del Señor está disponible para todos nosotros y que es de Bendición para quienes confían en Él. Acompáñanos y pidámosle juntos que nuestra Fe sea como la de Rajab — firme, obediente y transformadora.
Escrito por Luciano Goicochea