Los trece minutos de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl se han convertido ya en el mayor alegato contra las políticas de Trump que se ha dado desde el mundo de la cultura, y en un medio masivo. La actuación sigue marcando la conversación días después, pero la realidad es que sigue siendo un caso aislado. En la industria han vuelto los fantasmas del primer mandato del presidente, con presión en la sombra y el miedo a significarse públicamente.
En plena temporada de premios, hablamos con la corresponsal en Los Ángeles de EL PAÍS, María Porcel; para comprender cómo de relevante ha sido este fenómeno. Y también qué impide a otras celebridades usar su altavoz para oponerse a las políticas de Trump.

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