Esta semana, a la tragedia de Adamuz se le suma otra en Cataluña. Un tren de Rodalies ha sufrido un grave accidente en Gelida, cerca de Barcelona: ha muerto un maquinista en prácticas de 27 años y decenas de personas se han visto afectadas. La Generalitat ha decidido mantener la red suspendida hasta tener garantías de seguridad, en un servicio que utilizan a diario unas 400.000 personas. La paralización ha provocado un caos de movilidad, con carreteras colapsadas y accidentes, y ha vuelto a evidenciar una realidad que los usuarios conocen bien: averías constantes, mala información y una sensación de fragilidad estructural que se arrastra desde hace años.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha atribuido el accidente a “cuestiones meteorológicas” y apunta a la caída de un muro de la AP-7 tras un fuerte temporal. Las llamadas “marchas blancas”, que consisten en hacer todo el recorrido para comprobar el estado de la infraestructura, detectaron sin embargo, incidencias en varios tramos.
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