La investidura de Pedro Sánchez ya está cerrada, después de semanas de negociaciones con todos los grupos políticos y de una semana de tensión entre PSOE y Junts. Hemos visto avances, retrocesos y atascos, que nos dan una pista de la cintura y la capacidad de diálogo que se necesita hoy, que ningún partido aspira a la mayoría absoluta, para gobernar en España. En los años 90, las alianzas con los nacionalistas marcaron también la llegada a La Moncloa y la estabilidad de las legislaturas de socialistas y populares. Y durante los últimos cuatro años, el gobierno de coalición ya ha tenido experiencia en cuanto a presión mediática y política y la factura que pasa gobernar en constante diálogo. Aunque esa fórmula también tiene ventajas. Lo analiza Xosé Hermida, corresponsal parlamentario de EL PAÍS.
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