Hace diez años, una entrada de concierto costaba de media en España unos 42 euros. En 2024, el precio se había duplicado hasta los 84. Y para algunos de los grandes fenómenos internacionales, estar dispuesto a pagar ya ni siquiera garantiza poder estar allí: antes hay que superar registros, preventas, códigos y colas virtuales con cientos de miles de personas.
La industria de la música en directo se ha masificado y giras como las de Bad Bunny, Taylor Swift, Shakira u Oasis convierten cada concierto en un evento que va mucho más allá de la música y que, con el impulso de las redes sociales, ha cambiado nuestra forma de vivirla. Ya no solo pagamos por escuchar a un artista: pagamos por el espectáculo, por la experiencia y por poder decir que estuvimos allí. En este episodio de Hoy en EL PAÍS analizamos cómo hemos llegado hasta aquí, por qué las entradas son cada vez más caras, y qué ocurre cuando la demanda es tan grande y la oferta cada vez más pequeña y selectiva.
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