Hace diez meses, cuatro ejecutivos de Meta, OpenAI y Palantir entraron en la reserva del Ejército de Estados Unidos con rango de teniente coronel. No solo como contratistas ni como asesores. Hoy la inteligencia artificial de esas empresas tecnológicas es fundamental para entender cómo Washington libra sus guerras.
El Pentágono lleva décadas gastando miles de millones en contratistas privados. Lockheed Martin, Boeing... forman parte de ese ecosistema desde hace muchísimo tiempo. Pero esto es otra cosa: no hablamos solo de vender armas o software, sino de dar rango militar a directivos que siguen ligados a empresas con intereses directos en defensa.
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