Hace casi cinco años que supimos por primera vez de una mujer, en el sur de Francia, a la que su marido había sedado durante años para que decenas de hombres la violasen. Quizá los detalles del caso no hubiesen trascendido tanto de no ser por lo que sucedió después: Gisele Pelicot, ese era su nombre, decidió ir al juicio a cara descubierta, para que fuesen sus agresores y no ella quienes tuviesen que esconderse. Sucedió en 2024, y con ese gesto cambió para siempre el guion de lo que se espera de un proceso por violencia sexual. Ahora, junto a la periodista Judith Perrignon, acaba de publicar el libro en el que cuenta su historia.
El corresponsal de EL PAÍS en París, Daniel Verdú, cuenta la intrahistoria de su encuentro con ella para EL PAÍS SEMANAL.
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