Carlos Casillas nació en 1999, el año en que EL PAÍS Semanal dedicó su portada a Ferran Adrià, el mejor cocinero del mundo y el mismo que Santi Santamaría publicaba uno de los libros canónicos de la gastronomía. A sus 23 años, estudió con el primero y algunas cosas que dice recuerdan a las ideas que sobre la naturaleza, la sostenibilidad o el amor por el producto y los productores de su zona tenía el segundo. Pero él, como otros compañeros suyos de generación, han dado un paso más: formados en las mejores escuelas de cocina, no aspiran a hacerse millonarios en Tokyo, Londres o Madrid, sino a vivir de su pasión teniendo vida propia y cuidando a sus equipos, algo casi revolucionario en un sector, el de la hostelería, que como dice el propio Casillas, “ha maltratado mucho a sus trabajadores”. Él lo hace en Barro, el restaurante que abrió hace tres meses en Ávila y que se nutre solo (también vajillas, cristalerías o uniformes) de producto local.
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