En pleno siglo XXI, cuando impera la razón, el escepticismo, el pragmatismo y el eclecticismo en la sociedad, las sectas destructivas están más vivas que nunca.Solo han tenido que variar su código de creencias, dejar de dogmatizar sobre entidades exógenas superiores y empezar a cultivar el narcisismo imperante: cambiar de dios. Muchas se camuflan en talleres de coaching, autoayuda y superación, en retiros de bienestar, o en cursos de emprendimiento, se organizan como estructuras piramidales, dando una identidad a cada miembro de grupo, aunque el fin es igual en todas: explotar a los acólitos económica, sexual y emocionalmente. Manu Carballal nos ayuda a conocerlas.

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