Vivió un solo año en China para perfeccionar sus técnicas de kung fu y regresó pretendiendo ser un gran maestro de chi Kung y monje ordenado budista shaolin. El cuento le funcionó. Concedió decenas de entrevistas hablando del principio de áhimsa o la no violencia; reunió gran cantidad de discípulos y, sobre todo, acólitos dispuestas a todo, también a conceder sus favores sexuales y ser vejadas y maltratadas. Cumple 38 años de cárcel por el asesinato de 2 mujeres a golpes. A una de ellas, la descuartizó delante de la otra.

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