Tras el descubrimiento de partes del cuerpo del viudo Rodrigo García Jalón emparedadas en el piso del capitán Manuel Sánchez y en los desagües de la vivienda, Luisa, la hija del militar, cambia su inicial declaración y admite que conoce al asesinado. Tras una primera versión inversímil en la que cita a unos encapuchados, finalmente admite que se citó con el viudo en casa de su padre siguiendo las indicaciones de su progenitor. Sánchez quería tender una trampa a Jalón y chantajearlo por querer amancebarse con una menor de edad.
Sin embargo, ese no se convierte en el único móvil que aflora durante el juicio contra padre e hija. El militar no quiere perder el control y que Luisa se vaya a vivir con García Jalón. Está obsesionado con ella, de la que venía agrediendo sexualmente desde la adolescencia. El capitán Sánchez lo niega todo.



