La noche no siempre estuvo iluminada. Durante siglos, la oscuridad marcaba el límite de la actividad humana. Este episodio recorre la cadena de avances que permitió extender el día más allá del atardecer: desde el fuego y las velas hasta el alumbrado a gas y la electricidad. A medida que la luz artificial se perfeccionó, transformó no solo las ciudades, sino también los ritmos de trabajo, la vida social y la cultura. Una historia de conexiones donde iluminar la noche terminó redefiniendo la forma en que habitamos el tiempo.