Por Yaiza Santos
Desde que el Barça le cae simpático, declaró, los partidos que verdaderamente le proporcionan dicha política son los que el Madrid le gana al calvo, vestido el otro día, además, como homosexual femenina.
Le resulta del máximo interés que en Alemania estén debatiendo retirar los rastros comunistas del callejero. Por supuesto, está en contra. Ahora solo espera que en la prensa socialdemócrata se muestren a favor, como han hecho aquí por recuperar eso que llaman memoria histórica. Enlazó el tema con las declaraciones de Rosalía –para contentar a unos y a otros, ¡le está empezando a caer gorda!– y el TikTok del rey Felipe. ¿Qué es esto de evitar el presentismo? ¿No vamos a juzgar, entonces, a Camba por antisemita o a Pla por xenófobo? Las matanzas son matanzas, y por supuesto que los juzgamos con los ojos del presente.
El presidente no quiere hablar de presupuestos porque está ocupado de salvar al mundo, pero él no tiene tiempo esta vez para sus chocarrerías. Claro que hay que hablar de presupuestos, porque sin ellos no hay política. Es cosa muy seria, así que le sorprende que sea tratada con esa ligereza arcana como la que recientemente ha exhibido el buen Alejandro Fernández. Que las elecciones andaluzas dependerán de que Illa haya retirado o no los presupuestos en Cataluña. ¡Ojalá! A veces le entran ganas de elaborar un catálogo español de la ausencia de sentido.
Hablando de ausencia de sentido, le preocupa el camino que está tomando la guerra y, en particular, los mensajes tanto de Trump como de Starmer. No son esas maneras de hablar con los aliados, y no auguran nada bueno, pues el mal –bien lo sabe el bando perdedor de la guerra civil española– aguarda la disidencia en el enemigo.
Felicitó a Pedro Simón por su entrañable artículo del 19 de marzo y declaró, sobre esa promoción que le está haciendo al día el gobierno de Isabel Díaz Ayuso: "no, tampoco me arrepiento de ser padre".
Santos lo derritió con unas letrillas de Marta Valdés antes de comentar juntos un burning sobre la belleza, lo cual le dio motivo para recordar aquellas palabras de Guillén sobre Lorca: "Aparecía Federico en el salón y ya no importaba ninguna forma de ajena armonía. Todos habíamos olvidado al instante si hacía calor, frío, lluvia o viento afuera. Hacía... Federico".
Bibliografía: