Tenía el entrenamiento para disparar a distancia. Prefería hacerlo cerca y por la espalda porque así "es la rueda de la vida". Cuatro víctimas en ocho días no parecían ser obra de un novato ni de un loco. La megalomanía y sus rasgos paranoides le dieron la confianza para planificar en forma eficiente y hacer suya esa zona con cada ataque, desafiándolos a todos. Desde niño parecía gobernado por el delirio demonológico y místico.

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