Abel, cuyo nombre real es Francisco, cuenta su vida desde su infancia en Luján y en el campo, donde ayudaba a su padre en el tambo y desarrolló pasión por los caballos y las carreras de sortija. Relata sus relaciones: una primera pareja con la que convivió 28 años y ayudó a criar a sus hijos, pero que lo dejó tras un accidente que lo dejó ciego; y una segunda esposa uruguaya, con quien compartió 20 años hasta que ella falleció.