No se parecía a ninguna otra diosa: frenética, ancestral, indomable. Cibeles llegó desde Frigia entre tambores, cuchillos y éxtasis religioso. Su culto escandalizó a los senadores, pero fue acogido en tiempos de guerra como tabla de salvación. Entre castraciones, procesiones y piedras sagradas, Roma descubrió el lado más primitivo de lo sagrado... y sintió miedo.

La batalla de las Termópilas – P215 – República 118
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Aníbal te avisó – P214 – República 117
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La guerra entre Roma y Antíoco III – P213 – República 116
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