Después de que sus padres se divorciaran y su papá se mudara de México a Arizona, Fernanda empezó a imaginar cómo sería vivir en Estados Unidos. Tenía 13 años e inició un diario –en un inglés imperfecto e idiosincrático para que su familia no pudiera leerlo– donde documentaba los planes de irse. Nunca quiso que esa mudanza fuera permanente, pero así fue, y Fernanda no ha vivido en México desde entonces. Hace unos meses encontró el diario y con él, tensiones no resueltas.

La ciudad de la memoria y otras historias del Perú
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Antología centroamericana
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