En Romanos 3:10, la Biblia dice que nadie es bueno, ni siquiera uno. Podemos llamar buenas a algunas personas, pero Dios es santo y, según sus normas, ellas no lo son. Necesitábamos un Salvador que fuera verdaderamente bueno, y Dios mismo se encargó de ello.

Quitar Lo Viejo No Basta: Hay Que Vestirse De Lo Nuevo
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