Luka Doncic se ha ganado todos y cada uno de los elogios que ha recibido, recibe y seguirá recibiendo durante su carrera. Se los merece por ser un jugador absolutamente único, de un talento irrepetible y de un carisma que le pueden elevar a las cotas más altas de la historia de este deporte. Ahora bien, para llegar aquí va a tener que ganar al menos un anillo de la NBA con sus Dallas Mavericks. Ha estado muy, muy cerca: el último curso cayó en Las Finales contra Boston. Su equipo ha dado pasos adelante para construir un candidato firme a su alrededor con Klay, Irving, PJ Washington, Lively... Pero la responsabilidad final recae en sus hombros, al igual que el mérito y la gloria más grande si consiguen el objetivo. Se acaban las excusas y se debe empezar a cuestionar firmemente su liderazgo, su preparación y su profesionalidad. Es por el mejor de los motivos: convertirse en uno de los más grandes. Mucho cuidado con la chulería de Anthony Edwards, que no le juegue malas pasadas. Y qué ganas tenemos de ver el Cavaliers-Celtics.

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