Todo desobediencia a Dios es una ofensa o insulto hacia él, porque él nos creó para propósitos y acciones buenas. La ira de Dios es una manifestación de su descontento hacia quienes reiterada y conscientemente desobedecen su voluntad, cualquiera que ésta sea. De modo que oponerse con conocimiento a su voluntad justifica su enojo. Josué 7: 1