Sin perder un solo minuto y desde el momento mismo en que fue detectado por el sistema ATLAS (de ahí su nombre) en julio de este mismo año, los amantes de la conspiración se pusieron en marcha: que si no es un cometa, que si es una sonda alienígena camuflada, que si su silencio esconde una tecnología hostil. Incluso el célebre astrofísico de Harvard Avi Loeb, siempre dispuesto a poner el cascabel al gato, se convirtió en una de las voces que apuntaba a un posible origen artificial del objeto. Lo cual ha avivado, sin duda, las llamas en un Internet siempre dispuesto a incendiarse a la más mínima insinuación.

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