Bajo la dirección de la doctora Nadine Lavan, los investigadores han puesto el dedo en la llaga de una realidad que avanza a una velocidad que supera nuestra capacidad de asimilación, tanto ética como legal. Lavan y su equipo partieron de una premisa simple: ¿Sigue sonando a «falso» el habla generada por IA? ¿Podemos, como oyentes promedio, diferenciar sin dificultad una voz humana de una artificial?
La respuesta es un rotundo y escalofriante no.

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