Para entender por qué una parte del mundo se acostó un 4 de octubre de 1582 y se despertó un día 15, debemos remontarnos muchos siglos en el tiempo. De hecho, más de 1.600 años atrás. Estamos en el 45 AC y Julio César acaba de instaurar en gran parte de Europa un calendario que lleva su nombre, el calendario Juliano. Era un avance notable para su época, pues fijaba el año en 365 días y medio, y añadía un día extra cada cuatro años, el famoso año bisiesto.
Pero, como bien sabe cualquiera que dependa de los ciclos de la Naturaleza, en los cálculos astronómicos la perfección no existe. Y el problema, en este caso, radicaba en un pequeño 'desfase' del calendario juliano.

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