Un equipo de investigadores, liderado por el astrofísico Kirill Batrakov en la Universidad de Durham, ha utilizado unas simulaciones informáticas increíblemente bellas y complejas, las llamadas simulaciones cosmológicas Auriga. Descubrieron algo fascinante: que aquel impacto frontal fue tan poderoso que, literalmente, volteó el disco entero de la Vía Láctea.
Este choque, este accidente a escala galáctica, no fue algo rápido. No duró unos segundos ni unos días. Duró entre ciento cincuenta y mil millones de años. Una colisión lenta, constante, majestuosa y, al mismo tiempo, aplastante. No deberíamos imaginar estos eventos como cataclismos de película, sino como una interacción extremadamente lenta que solo parece dramática si pasamos la cinta a cámara rápida.

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