Santo Domingo firmó la Declaración de Santo Domingo, asumió la presidencia del grupo de trabajo regional sobre IA y se encamina a aprobar por decreto su código de ética nacional. En este episodio Arturo López Valerio y Maná separan el brillo diplomático del peso específico real, y muestran por qué organizar la conversación regional sobre inteligencia artificial no equivale a liderar su desarrollo.
El análisis ancla la regulación dominicana en el marco global —el Reglamento Europeo de IA y sus multas de hasta el 7% de la facturación mundial, los principios de la OCDE, la Recomendación de la UNESCO— y la confronta con los números del Índice Latinoamericano de IA 2025: 45.7 puntos para el país, por debajo de Chile, Brasil y Uruguay, con el 87% de los investigadores de la región concentrado en cinco países y apenas el 1.12% de la inversión global captada por toda América Latina.
Sobre esa base, el episodio desardena la trampa con conceptos propios del programa: el Factor BAM, la industrialización simbólica, la entropía narrativa de una institución que quiere ser reguladora, estratega y promotora a la vez, y la tríada de captura de valor digital. Cierra con las cuatro decisiones medibles que convierten una hoja de ruta firmada en capacidad estructural, y con la advertencia de fondo para la República Dominicana: regular la inteligencia artificial sin capacidad de crearla es coleccionar reglas que otros escribieron.

Infraestructura cognitiva: la ventaja que no se descarga
27:31

La voz dominicana en el primer diálogo global sobre gobernanza de IA
26:08

La bifurcación de la educación dominicana: por qué la IA en el aula amplifica la pedagogía que ya teníamos
29:48