Doce meses después del sismo inicial, la verdadera secuela de DeepSeek no fue la eficiencia en chips sino la conversión del código abierto en instrumento de poder blando. Un tercio del uso global de inteligencia artificial pasa hoy por modelos chinos abiertos, construir sobre ellos resulta más de noventa por ciento más barato que pagar APIs estadounidenses, y tres aliados del Pacífico —Corea del Sur, Taiwán y Australia— ya prohibieron a sus funcionarios usar DeepSeek mientras el último modelo de la firma de Hangzhou queda solo detrás de OpenAI y Anthropic en escritura de código.
En este episodio dieciséis de la temporada doce, Arturo López Valerio examina, junto a Maná, cómo la apertura técnica no equivale a apertura política, por qué cambiar de proveedor americano a chino reduce costos sin alterar la posición estructural de República Dominicana en la cadena de valor digital, y qué significa todo esto para un país con penetración móvil de noventa y cuatro por ciento, economía digital de apenas cuatro punto tres por ciento del PIB e inversión nacional en inteligencia artificial cercana a diez millones de dólares en dos mil veinticuatro.
El análisis articula los conceptos de captura de valor digital, industrialización simbólica, Efecto Pokémon, Los Invisibles y entropía narrativa institucional para proponer tres rutas escalonadas —política pública de selección razonada de modelos, incentivos para retener talento en empresas locales, e infraestructura cognitiva soberana— que conviertan la disponibilidad gratuita de modelos abiertos en capacidad propia construida con criterio.

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