Ser pacificadores exige devoción, humildad, generosidad y empatía, pero, también trae consigo la paz y el favor de Dios. Sigamos este llamado de mantener la paz, no solo en el mundo, sino en nuestros corazones y vidas. Únete a este esfuerzo divino de ser un pacificador, quizás no ganaremos un Premio Nobel, pero si almas para Dios.
Escrito por Mercy Cosme