No importa si tu herida es visible o nadie más la conoce. Jesús nunca hizo distinción entre el dolor físico y el dolor del corazón. Él se acercó a ambos con la misma compasión. Tal vez hoy tu cuerpo necesite un milagro, o quizá sea tu alma la que clama por descanso. Sea cual sea tu necesidad, recuerda esto: donde Jesús entra, la esperanza vuelve a respirar.
Escrito por Mercy Cosme

Deja que Dios cultive tu carácter
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Hasta que te rindas
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Viste tu corazón de bondad y transforma tu entorno
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