Como hijos de Dios, plagiamos cuando nos declaramos “creadores de nuestro propio éxito” o cuando comenzamos a celebrar nuestros talentos por encima de Aquel que nos los dio. Es bueno recordar que todo lo bueno en nosotros y todo logro alcanzado es, en realidad, un reflejo de Su gracia y amor manifestado ennuestras vidas. Así que, hoy, dejemos de plagiar la gloria de Dios y comencemos a vivir con humilde gratitud.
Escrito por Mercy Cosme