Aferrarnos a la culpa y a la vergüenza puede destruir lentamente el alma. Y mientras más escondemos el dolor, más pesado se vuelve, pero hay una diferencia entre cargar culpa… y vivir un verdadero arrepentimiento. Pedro falló… pero volvió y fue restaurado. Judas sintió remordimiento… pero nunca regresó a Jesús. Ahí está la diferencia. Porque Dios no está buscando personas perfectas… está esperando corazones sinceros que todavía se atrevan a volver.
Escrito por Mercy Cosme

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