En Eclesiastés 3:1 recordamos que todo tiene su tiempo y que Dios, con Su perfecta sabiduría, nos enseña a agradecer el pasado sin quedarnos atrapados en él. Cada día es una nueva oportunidad para experimentar Su gracia y Su renovación constante. Agradece lo que fue, abraza lo que es y confía en lo que viene.
Escrito por Luciano Goicochea

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