Jesús lo dijo claramente: «El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos». Marcos 9: 35. Y cuando damos, algo sagrado sucede: la mente se aquieta, el corazón se abre y el espíritu vuelve a respirar. El servicio no se trata de hacer grandes acciones. A veces es escuchar, ayudar en silencio o simplemente estar presente para alguien. El ego promete control, pero deja vacío; el servicio pide humildad… y nos devuelve la vida.
Escrito por Mercy Cosme

Cuando Dios ve tu corazón, ve un diamante precioso
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Salto de Fe
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Hoy es un buen día para soltar y empezar de nuevo
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