En el Salmo 30:1, David alaba a Dios por librarlo de sus enemigos, recordándonos que, aunque enfrentemos tristeza o ansiedad, la oración ferviente nos lleva al consuelo y a la paz del Señor. Pero también debemos ser vigilantes, pues en medio de la alegría el enemigo intenta confundirnos. Acompáñanos para meditar en esta verdad y renovar nuestra confianza en Dios, quien sostiene nuestra vida en sus manos.
Escrito por Luciano Goicochea

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