Cuando estábamos en plena pandemia, muchos contratos de alquiler se firmaron a la baja: había más oferta, muchos alquileres turísticos salieron al mercado, y la gente escapó de las ciudades. Teníamos más margen para negociar. Ahora, cientos de miles de personas se encuentran con que por ley sus caseros pueden subirles el precio o echarles.
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