Era invierno cuando Rusia invadió Ucrania y las calefacciones estaban a pleno rendimiento. Ocho meses después, la guerra no ha terminado y ha vuelto el frío, pero el suministro de luz y gas no está ahora garantizado. La estrategia del Kremlin es bombardear infraestructuras de energía para desmoralizar a las tropas y a la población ucrania, que busca alternativas para sobrellevar unas temperaturas que por las noches ya están por debajo del cero. Y aún no ha llegado el invierno.
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