Cuando se habla de inmigración en España, la palabra que más se repite es “trabajo”. Se ha instalado el discurso de que sin migrantes, la economía se vendría abajo. construyen edificios, cuidan a nuestros mayores, sostienen la hostelería. Su presencia se mide en cifras de afiliación y su valor, en capacidad productiva. Este enfoque convierte a las personas en recursos, reduce vidas a su utilidad y borra cualquier defensa ética, cultural o histórica de la migración.
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