Veinticinco años después del 11-S, Estados Unidos afronta una transformación profunda de su papel en el mundo. Aquel atentado reorientó su política exterior, desembocó en las invasiones de Afganistán e Irak y normalizó una nueva relación entre seguridad, vigilancia y derechos. Donald Trump, que entonces era solo un empresario neoyorquino, acabaría llegando a la Casa Blanca en buena medida sobre el rechazo a ese legado y a sus “guerras interminables”.
Con Guillermo Altares, jefe de Internacional de EL PAÍS, nos preguntamos qué ruptura ha sido más profunda: la del 11-S o la de Trump. Y hasta qué punto el trumpismo es, en realidad, una consecuencia de los fracasos que dejó la respuesta estadounidense a los atentados.

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