En una guerra, la muerte es un bando compartido. Desde el 7 de octubre, israelíes y palestinos entierran a sus muertos como pueden y los ritos se tienen que adaptar a las circunstancias. En ambos bandos se entierra a los muertos sabiendo que no solo no serán los últimos, sino que los que queden vivos se encontraran muy pronto en un funeral muy parecido al que acudirán personas que ni siquiera conocían a la víctima pero que lo sienten como suyo. A veces no hay sitio ni tiempo para los entierros, sobre todo en Gaza, porque los cadáveres se amontonan sin posibilidad de darles sepultura en el tiempo y la forma que marca el Islam. Corren e intentan darle descanso a los cadáveres, pero las familias ni siquiera saben si esas tumbas que hoy construyen serán las definitivas.
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