En la Eurocopa de fútbol que se celebra en Alemania participan 82 nacionalizados, es decir, jugadores que forman parte de una selección de un país en el que no nacieron. En paralelo, partidos de ultraderecha, como el de Marine Le Pen, se preguntan por qué hay tantos jugadores negros representando a Francia o una televisión pública que pregunta a sus espectadores si preferirían que en su selección hubiera más jugadores blancos. Esa tensión, que ignora cómo han cambiado las sociedades europeas y pone a las naciones por delante de las personas, se traslada a la afición, a las gradas y ha provocado que algunas estrellas, siempre reacias, hablen de política abiertamente.
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