En España hay alcaldes que cobran más que el presidente del Gobierno y otros miles que apenas reciben nada, lo que dibuja un mapa muy desigual de la política local. Cada vez que se publican estos datos vuelven los discursos populistas de que “cobran demasiado” y que mejor sería recortar sus sueldos. Pero el peso de estas retribuciones en las cuentas públicas es mínimo: mejor pagarles (y auditarles) más.
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