Alemania afronta un invierno muy distinto al de las últimas décadas. La novedad es que, por primera vez, se siente vulnerable. La guerra de Ucrania, la crisis de la energía y el corte del suministro del gas ruso han alterado sus planes. La subida de precios ha sacado a decenas de personas a la calle y las formaciones extremistas están aprovechando ese malestar social. Y aún no ha empezado a hacer frío de verdad. Íñigo Domínguez charla con Elena Sevillano, corresponsal de EL PAÍS en Berlín.

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