En la clavada telefónica de hoy llamamos a un señor para decirle que hablábamos de la administración del edificio, porque varios vecinos se habían quejado de que hablaba demasiado duro. Entre supuestas nuevas reglas, advertencias y hasta la amenaza de multas por el volumen de su voz, el hombre no podía creer lo que estaba escuchando y defendía su derecho a conversar tranquilo. ¡Una llamada llena de confusión, reclamos y muchísimas risas!

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